domingo, 13 de enero de 2013

Madre anoche en las trincheras

El otro día buscando por internet encontré un artículo, curioso:

Madre anoche en las trincheras.
Por Andrew Blanchtt Kensington.

En uno de mis números viajes por el mundo, llego a mis oídos una historia en forma de canción que los niños scout españoles cantaban en campamentos y excursiones, trata de un soldado que escribió a su madre narrando su vivencia en uno de los peores conflictos bélicos jamás sufridos. Tal fue el impacto que causo en mi la canción, que alargue mi viaje para investigar el origen de aquella estremecedora historia. Si de verdad había existido esa carta yo tenia que encontrarla y hacerla llegar al mundo. Tras varios meses de investigación, trotando la estepa castellana de pueblo en pueblo y preguntando a las gente autóctona de los mismos , di con las pista que me llevo hasta ella por fin encontré la carta.

Data de la época en la que España se vio envuelta en la Guerra Civil, también llamada Alzamiento Nacional o Rebelión Fascista. El mundo ve a España como un país atrasado y tercermundista. Regido desde 1931 por una república, en febrero de 1936 las urnas dan la victoria al Frente Popular; cambia el gobierno trayendo con sigo nuevos ideales y confrontación de opiniones. Comienzan las huelgas generales, los delitos y asesinatos. En definitiva “orden y contra orden igual a desorden”.

18 de Julio del 1936 estalla el conflicto, comienzan las escaramuzas y el país se divide de forma irreconciliable. Dividida en dos la nación, las ciudades mas importantes comienzan una batalla que durara tres años. La población en edad militar es llamada a filas. La guerra ha comenzado.
El conflicto es retransmitido minuto a minuto, cientos de corresponsales se dirigen a España para narrar la guerra y retransmitirla al resto de continentes. El mundo entero mira a España y España se mira espantada.

En los tiempos que corrían el papel para los prisioneros, la tropa y el resto de gente que participaba en el conflicto es un bien muy preciado y escaso como prácticamente todo. Necesitaban dar a conocer su estado y decir a sus seres queridos que estaban bien. Las cartas se escribían  aprovechando al máximo el espacio, no dejaban márgenes, daba las sensación de que las palabras habían sido lanzadas sobre el papel. Era común reutilizar cartas, escritos, comunicados de otra gente para escribir encima cambiando la verticalidad, esto hace que la transcripción sea un poco mas difícil.

Nadie sabe como se llamaba el soldado, ni donde vivía, ni si la familia volvió a saber de él. Lo único que sabemos es que la madre a la que iba dirigida la carta jamás la recibió.

Querida madre, no se como empezar esta carta pero te escribo con mi rostro bañado en lagrimas, caen por la soledad, tristeza, dolor y sufrimiento que vivo día tras día aquí. Lo primero que tengo que decirte es Te Quiero y aunque no lo demuestre con frecuencia, Te quiero con locura, para mi eres la persona más importante, siempre has estado ahí apoyándome y protegiéndome, haces que las cosas malas parezcan buenas, tus consejos están llenos de sabiduría y siempre me has llevado por el buen camino. Ahora ya soy mayor de edad, tengo dieciocho años, puedo afrontar yo solo las cosas... pero la verdad es que no puedo madre... Perdóname, os hecho mucho de menos, ¡no quiero estar aquí! Se que desde casa junto a padre y mis hermanos  os sentís orgullos de mi, podéis presumir de tener un hijo en el frente. Lo siento por ser un cobarde madre pero tengo miedo, más del que puedo aguantar. No entiendo esta guerra, no se cual es el bando bueno, no se por que lucho, no entiendo nada de lo que pasa, solo acato ordenes. El incesante sonido de los fusiles se mezclan con los gritos y llantos de la gente torturando mis oídos día y noche, vivo con una melodía continua de ametralladoras y lluvias constantes de bombarderos. Ya ni hablo, ni pienso porque otros lo hacen por mi, solo me hace falta una frase para salir del paso aquí, “a la orden”. Dicen que el amor es suficiente para seguir adelante, que hay que luchar por nuestras familias, demostrar lo que valemos, pero ya no tengo el valor para estar en la batalla, las piernas me tiemblan sin parar, no duermo, me cuesta respirar, lloro a escondidas porque no puedo demostrar lo que siento delante de mis compañeros, se fuerte y lucha me repito constantemente, pero las palabras se pierden en mi mente como las vida la gente que esta a mi alrededor, soy la marioneta de un tirano titiritero. A noche nos lanzaron en paracaídas a una zona nueva de batalla, dicen que somos la mejor compañía jamás vista, la fuerza de los ochos nos llaman. La octava compañía paracaidista, siempre al frente luchando por su patria, por los ideales de un estado, viviendo el conflicto con lealtad y valor. Somos soldados valerosos, abrimos brechas en las filas enemigas, causamos bajas en ellos como si fueran animales y no tenemos remordimientos, pero todo es mentira pura  mentira, solo fachada, una apariencia; los rostros de la gente demuestran lo contrario, sus caras se han tronado sombrías y pálidas, muestran el temor, horror y desamparo que se vive aquí, pero como nos repiten una y otra vez,  “¡soldados o ellos o ustedes!” Madre para lo que realmente te escribo es para contarte lo que me ocurrió anoche. Me encontraba en el campo de batalla resguardándome del fuego cruzado y la metralla. Como siempre acataba ordenes, teníamos que superar una cota para llegar hasta un punto estratégico que nos serviría de base, para ello era necesario abatir al contrario con toda nuestra fuerza, no escatimamos en munición, ni violencia... Madre anoche en las trincheras vía al enemigo correr hacia mi, le apunte con mi fusil y sin darle tiempo a reaccionar  le dispare; algo raro paso en ese momento, ya había matado a más gente antes pero en aquel chicho había algo distinto, una luz ilumino su rostro, la cara del enemigo al que asesinaba… madre era mi amigo José, mi compañero de la escuela, nuestro vecino, el hijo de Francisca, mi mejor amigo, con quien tanto yo jugué a soldados y a trincheras. Madre ahora el juego es verdad, no hay risas, solo oscuridad y llantos, no volveremos a jugar jamás, ¡lo están enterrando! Lo siento muchísimo, te pido perdón madre pero ya no aguanto mas aquí, me quiero morir, estoy harto de esta guerra, ¡no se dan cuenta que no va a ganar nadie joder! Tal vez te vuelva a escribir, pero la próxima que lo haga será desde el cielo, donde encontrare a José y jugaremos de nuevo. Madre ten por seguro que si mi sangre fuera tinta y mi corazón tintero, con la sangre de mi venas, te escribiría un “TE QUIERO”.
Hasta siempre.


En las guerras siempre pierden los mismos, toda contienda tiene daños colaterales y las calles son bañadas por ríos de lagrimas de madres que ven marchar a sus hijos a un futuro incierto.
No he conseguido descubrir quien encontró la carta, ni el lugar exacto de su procedencia, solo sé que es una historia digna de ser contada al mundo.
Este artículo está escrito en memoria de todas las víctima de la Guerra, como homenaje a las familias que vivieron, sufrieron y padecieron este calvario, pero sobretodo para que la madre a quien esta dirigida la carta, esté donde esté sepa que le paso a su hijo realmente. Su historia vivirá con nosotros por siempre.

A.B.Kensington.

2 comentarios:

  1. ¿De dónde has sacado este artículo? En muchos blogs aparece sacado del NY Times Magacine. Pero en esa revista no ha escrito nada ese "periodista" me suena a invención de una raída copia deotra carta del desastre de Annual.

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    1. En la página de la que lo saqué decía que pertenecía a la National Geographic.

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