Madre anoche en las trincheras.
Por Andrew Blanchtt Kensington.
En
uno de mis números viajes por el mundo, llego a mis oídos una historia
en forma de canción que los niños scout españoles cantaban en
campamentos y excursiones, trata de un soldado que escribió a su madre
narrando su vivencia en uno de los peores conflictos bélicos jamás
sufridos. Tal fue el impacto que causo en mi la canción, que alargue mi
viaje para investigar el origen de aquella estremecedora historia. Si de
verdad había existido esa carta yo tenia que encontrarla y hacerla
llegar al mundo. Tras varios meses de investigación, trotando la estepa
castellana de pueblo en pueblo y preguntando a las gente autóctona de
los mismos , di con las pista que me llevo hasta ella por fin encontré
la carta.
Data
de la época en la que España se vio envuelta en la Guerra Civil,
también llamada Alzamiento Nacional o Rebelión Fascista. El mundo ve a
España como un país atrasado y tercermundista. Regido desde 1931 por una
república, en febrero de 1936 las urnas dan la victoria al Frente
Popular; cambia el gobierno trayendo con sigo nuevos ideales y
confrontación de opiniones. Comienzan las huelgas generales, los delitos
y asesinatos. En definitiva “orden y contra orden igual a desorden”.
18 de Julio del 1936 estalla
el conflicto, comienzan las escaramuzas y el país se divide de forma
irreconciliable. Dividida en dos la nación, las ciudades mas importantes
comienzan una batalla que durara tres años. La población en edad
militar es llamada a filas. La guerra ha comenzado.
El
conflicto es retransmitido minuto a minuto, cientos de corresponsales
se dirigen a España para narrar la guerra y retransmitirla al resto de
continentes. El mundo entero mira a España y España se mira espantada.
En
los tiempos que corrían el papel para los prisioneros, la tropa y el
resto de gente que participaba en el conflicto es un bien muy preciado y
escaso como prácticamente todo. Necesitaban dar a conocer su estado y
decir a sus seres queridos que estaban bien. Las cartas se escribían
aprovechando al máximo el espacio, no dejaban márgenes, daba las
sensación de que las palabras habían sido lanzadas sobre el papel. Era
común reutilizar cartas, escritos, comunicados de otra gente para
escribir encima cambiando la verticalidad, esto hace que la
transcripción sea un poco mas difícil.
Nadie
sabe como se llamaba el soldado, ni donde vivía, ni si la familia
volvió a saber de él. Lo único que sabemos es que la madre a la que iba
dirigida la carta jamás la recibió.
Querida
madre, no se como empezar esta carta pero te escribo con mi rostro
bañado en lagrimas, caen por la soledad, tristeza, dolor y sufrimiento
que vivo día tras día aquí. Lo primero que tengo que decirte es Te
Quiero y aunque no lo demuestre con frecuencia, Te quiero con locura,
para mi eres la persona más importante, siempre has estado ahí
apoyándome y protegiéndome, haces que las cosas malas parezcan buenas,
tus consejos están llenos de sabiduría y siempre me has llevado por el
buen camino. Ahora ya soy mayor de edad, tengo dieciocho años, puedo
afrontar yo solo las cosas... pero la verdad es que no puedo madre...
Perdóname, os hecho mucho de menos, ¡no quiero estar aquí! Se que desde
casa junto a padre y mis hermanos os sentís orgullos de mi, podéis
presumir de tener un hijo en el frente. Lo siento por ser un cobarde
madre pero tengo miedo, más del que puedo aguantar. No entiendo esta
guerra, no se cual es el bando bueno, no se por que lucho, no entiendo
nada de lo que pasa, solo acato ordenes. El incesante sonido de los
fusiles se mezclan con los gritos y llantos de la gente torturando mis
oídos día y noche, vivo con una melodía continua de ametralladoras y
lluvias constantes de bombarderos. Ya ni hablo, ni pienso porque otros
lo hacen por mi, solo me hace falta una frase para salir del paso aquí,
“a la orden”. Dicen que el amor es suficiente para seguir adelante, que
hay que luchar por nuestras familias, demostrar lo que valemos, pero ya
no tengo el valor para estar en la batalla, las piernas me tiemblan sin
parar, no duermo, me cuesta respirar, lloro a escondidas porque no puedo
demostrar lo que siento delante de mis compañeros, se fuerte y lucha me
repito constantemente, pero las palabras se pierden en mi mente como
las vida la gente que esta a mi alrededor, soy la marioneta de un tirano
titiritero. A noche nos lanzaron en paracaídas a una zona nueva de
batalla, dicen que somos la mejor compañía jamás vista, la fuerza de los
ochos nos llaman. La octava compañía paracaidista, siempre al frente
luchando por su patria, por los ideales de un estado, viviendo el
conflicto con lealtad y valor. Somos soldados valerosos, abrimos brechas
en las filas enemigas, causamos bajas en ellos como si fueran animales y
no tenemos remordimientos, pero todo es mentira pura mentira, solo
fachada, una apariencia; los rostros de la gente demuestran lo
contrario, sus caras se han tronado sombrías y pálidas, muestran el
temor, horror y desamparo que se vive aquí, pero como nos repiten una y
otra vez, “¡soldados o ellos o ustedes!” Madre para lo que realmente te
escribo es para contarte lo que me ocurrió anoche. Me encontraba en el
campo de batalla resguardándome del fuego cruzado y la metralla. Como
siempre acataba ordenes, teníamos que superar una cota para llegar hasta
un punto estratégico que nos serviría de base, para ello era necesario
abatir al contrario con toda nuestra fuerza, no escatimamos en munición,
ni violencia... Madre anoche en las trincheras vía al enemigo correr
hacia mi, le apunte con mi fusil y sin darle tiempo a reaccionar le
dispare; algo raro paso en ese momento, ya había matado a más gente
antes pero en aquel chicho había algo distinto, una luz ilumino su
rostro, la cara del enemigo al que asesinaba… madre era mi amigo José,
mi compañero de la escuela, nuestro vecino, el hijo de Francisca, mi
mejor amigo, con quien tanto yo jugué a soldados y a trincheras. Madre
ahora el juego es verdad, no hay risas, solo oscuridad y llantos, no
volveremos a jugar jamás, ¡lo están enterrando! Lo siento muchísimo, te
pido perdón madre pero ya no aguanto mas aquí, me quiero morir, estoy
harto de esta guerra, ¡no se dan cuenta que no va a ganar nadie joder!
Tal vez te vuelva a escribir, pero la próxima que lo haga será desde el
cielo, donde encontrare a José y jugaremos de nuevo. Madre ten por
seguro que si mi sangre fuera tinta y mi corazón tintero, con la sangre
de mi venas, te escribiría un “TE QUIERO”.
Hasta siempre.
En
las guerras siempre pierden los mismos, toda contienda tiene daños
colaterales y las calles son bañadas por ríos de lagrimas de madres que
ven marchar a sus hijos a un futuro incierto.
No
he conseguido descubrir quien encontró la carta, ni el lugar exacto de
su procedencia, solo sé que es una historia digna de ser contada al
mundo.
Este
artículo está escrito en memoria de todas las víctima de la Guerra,
como homenaje a las familias que vivieron, sufrieron y padecieron este
calvario, pero sobretodo para que la madre a quien esta dirigida la
carta, esté donde esté sepa que le paso a su hijo realmente. Su historia
vivirá con nosotros por siempre.
A.B.Kensington.